A través de nuestra vida

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Hemos sido apartados para un propósito especial, uno dado por Dios y destinado a ser un faro de luz para quienes nos rodean.

(Jesús dijo) “En esto es glorificado mi Padre: en que lleven mucho fruto, y sean así mis discípulos”. – Juan 15:8

Una planta sana y fructífera es una planta que se reproduce y da fruto. Sus raíces se aferran al suelo, profundamente, nutriendo así su estructura de abajo hacia arriba.

Del mismo modo, los discípulos de Jesús somos personas que nos convertimos en las ramas de Dios, ramas que dan fruto. Como cristianos, nuestras vidas han sido redimidas para el servicio y la adoración a Dios, para que podamos bendecir las vidas de otras personas y darle así gloria a Dios con nuestra manera de vivir. Desafortunadamente, no siempre es así. Es posible que escuchemos cuando se nos llama a ayudar, a involucrarnos en el proceso de fructificación, pero, por cualquier excusa, no respondemos a ese llamado.  Al final, muy fácilmente damos por sentada la provisión de Dios.

Pero Dios nos empodera a través de Su Palabra y del trabajo de Su Espíritu en nuestras vidas. Él nutre nuestro árbol; Él nos proporciona todo lo que necesitamos para llevar su mensaje de gracia a los demás. Sólo Dios hace esto posible. Aunque 10,000 testigos vieron al Cristo resucitado, nosotros seguiríamos dudando como Tomás si el Espíritu Santo no nos hubiera convencido de la verdad. Fue la gracia de Dios la que permitió a estos muchos testigos ver al Señor resucitado en primera fila. Esa misma gracia nos permite verlo a través de los ojos de la fe.

¿Pero qué hay de aquellas personas que no conocen a Jesús? ¿Cómo les respondemos a ellos?

En el alcance global de los Ministerios de La Hora Luterana, las Buenas Nuevas de Jesús alcanzan a millones de personas cada año a través de la Palabra predicada y los esfuerzos prácticos de cristianos dedicados en los Estados Unidos y en todo el mundo. Dios bendice sus ramas, su pueblo, en todo el mundo, para que den fruto y glorifiquen a Dios Padre. Y la misma gracia que nos permite ver a Dios a través de los ojos de la fe, estará trabajando en la vida de los demás para que lo vean también.

El ascendido Señor Jesús continúa bendiciendo a Su iglesia en la tierra con embajadores de Su Evangelio que da vida. Él llama a pastores, maestros y laicos en todas partes, y les proporciona la sabiduría y los recursos que necesitan para proclamar la Palabra de Dios fielmente.

Hemos sido apartados para un propósito especial, uno dado por Dios y destinado a ser un faro de luz para quienes nos rodean. La Palabra de Dios nos dice: "Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1 Pedro 2:9).

Hay frutos listos para germinar en nuestras vidas, y Dios espera que eso suceda. Él envió a su Hijo a morir por nosotros y por nuestros pecados. Nos trajo a la fe en él. De todas las personas en el mundo, nosotros tenemos el privilegio de compartir Sus Buenas Nuevas con los demás.

ORACIÓN: Padre celestial, muévenos a través de tu Espíritu Santo para que otros puedan presenciar tu amor a través de nuestras vidas. En Jesús. Amén

Preguntas de reflexión:

1. ¿En qué formas nutre Dios a sus ramas: a su pueblo?

2. ¿De qué forma glorificas a Dios produciendo frutos en tu vida?

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