¿A qué vino Jesús? El rescate

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Jesús pagó un gran precio por nuestro rescate. ¿Estamos dispuestos a pagar el nuestro por el rescate de los demás?

“…así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”, Mateo 20:28

Cuando piensas en el rescate, ¿qué viene a tu mente? Peligro, necesidad, socorro, inhabilidad… Jesús dijo que vino para rescatarnos. Nunca has pensado ¿por qué? o ¿de qué? En cuanto a la primera pregunta, es importante evaluarnos a través de la lupa de la Biblia. Siempre pensamos que estamos bien (Proverbios 12:15) pero las Escrituras nos demuestran nuestro autoengaño.

Nuestra perspectiva para evaluarnos ha sido distorsionada por el pecado que mora en nosotras, combinado con que Satanás ha cegado el entendimiento de los incrédulos (2 Corintios 4:4). Según Romanos 3:23, “por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” el mundo necesita ser rescatado para que gane vida eterna y que el incrédulo conozca a Jesús. Juan 3:17 nos dice: Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”  Es por eso que Romanos 10:14 nos manda a predicar Su Palabra, para que Cristo los rescate a través de nosotras.

Respecto a la segunda interrogante, ¿de qué?, es fácil… del infierno. Pero yo me pregunto, ¿cuántas de nosotras nos hemos detenido a meditar qué es el infierno? Vivimos en un mundo difícil porque se trata de un mundo caído, lleno de pecado, pero aún en este mundo la presencia del Señor se encuentra dentro en los creyentes, porque Su Espíritu mora en nosotros.

La única razón por la cual los cristianos hacen cosas buenas es porque el Espíritu Santo nos mueve a hacer aquello que Él ha preparado de antemano (Efesios 2:10), pero ¿puedes imaginar un sitio donde Dios esté totalmente ausente? ¡Ese pensamiento me horroriza! Un sitio donde hay dolor continuo, no hay esperanza, donde todo el mundo vive para sí mismo sin importar si sus acciones causan daño a otros.

Un lugar donde el mal reina y todos los que están presentes allí son malvados porque nada bueno no mora en ellos (Romanos 3:10-11). ¡Wow!, honestamente no puedo imaginar ese tipo de sufrimiento. Y debido a que el no cristiano vive en tinieblas, confundido y equivocado, en necesidad de oír la verdad, debemos sentirnos impulsadas a compartir lo que el Señor nos ha regalado.

Entonces, ¿cuál es nuestro rol como mujeres cristianas? Como somos ayudas idóneas (Ezer), en nuestras casas necesitamos ser de aliento para estimular a nuestro esposo e hijos. Podemos influenciarlos para el bien (Proverbios 31) o para el mal (Proverbios 7). Se requiere de tiempo y dedicación. Es necesario tener una relación tan estrecha con ellos que podamos “leerlos”. Debemos estar listas para ayudarlos, aconsejarlos y moldearlos en la forma que Dios quiere. Hacerlo requiere de tiempo.

Además, hay otra familia a la que pertenecemos: la de la iglesia. La misma influencia que tenemos en la casa debemos tenerla en la familia de Dios (Tito 2:1-10). Así como nuestra familia biológica puede equivocarse, también ocurre con nuestra familia espiritual (Gálatas 4:9). Necesitamos rescatar a nuestras hijas espirituales para que el mundo no las influencie con sus mentiras y nuestro Señor no sea blasfemado.

Juan 13:16 nos dice “en verdad en verdad os digo: un siervo no es mayor que su señor, ni un enviado es mayor que el que lo envió”. Cristo vino para dar Su vida por nosotras, Él espera que demos nuestra vida para rescatar a otros.

Las dejo con una sola pregunta: ¿Estamos dispuestas a pagar el precio por el rescate de otros?

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