A la mujer que acaba de descubrir la infidelidad de su esposo

Description

En medio de una situación como estas, todos quisieran conocer la verdad de lo que pasó. Dios te quiere dar Su verdad.

Respira.

Detente por un momento y respira. Siente el aire entrar por tus fosas nasales, fluir hacia tus pulmones y salir de nuevo. Siente los latidos de tu corazón, escucha el sonido de tu pulso. Siente el peso de tu cuerpo. Esto se llama vida.

Pero esta vida nunca será igual. Porque tu temor se hizo realidad. Es verdad. Has dedicado la última hora, día, semana tratando de encontrar una explicación diferente; encontrar una salida a lo que ya sabes que es verdad, esperando que sea otra cosa. Un error. Confusión. Malentendido.

Pero no lo es. Es verdad y en adelante todo se dividirá en "antes y después de". No en "antes y después de su elección", sino "del día en que supiste". Antes de tener todo ese peso que está destruyendo tus hombros. Antes de que el vacío te consumiera desde adentro hacia afuera. Antes de que tus sueños fueran repentina e irrevocablemente apagados.

Respira.

Detente y respira. Siente el aire entrar por tus fosas nasales, fluir hacia tus pulmones y salir de nuevo. No pienses. No pienses. Siente los latidos de tu corazón, escucha el sonido de tu pulso. Siente el peso de tu cuerpo. Esto se llama vida. Y habrá un Después.

Pero debes saber toda la verdad. Debes descubrir algunas cosas adicionales, sin importar lo imposible que parezca. Ni cuánto temor tengas, ni la tentación a ignorarlo. Sin importar cuánto quieras preservar el "antes". Debes conocer toda la verdad.

La verdad es que esto no es tu culpa.

Esto no es tu culpa.

Esto no es tu culpa.

Esto no es tu culpa.

Tu esposo no tomó esa elección porque no fueras lo suficientemente bonita, ni disponible, ni sumisa, ni conversadora, ni calmada, ni deportiva, ni inteligente. Él no hizo esa elección porque los últimos cinco años has estado embarazada o lactando. Tampoco porque estás pasando los bochornos de la mediana edad, o porque tu piel cuelga en arrugas en tu cuello, o tienes bolsas debajo de los ojos. Él no hizo esa elección porque no fueras suficiente.

Él tomó esa decisión porque él no era suficiente.

Y para sobrevivir –para atravesar el "después"- debes saber esto, él nunca fue suficiente. No lo era para cumplir tus sueños. Tampoco para silenciar tus dudas e inseguridades. No era suficiente para amarte de manera perfecta. Ni para ser fiel.

En este punto, si la gracia está obrando –y oro que así sea– él también conoce esa verdad. Si la gracia está obrando, él sabe que era inadecuado y cuán miserablemente falló. Si la gracia está obrando, él siente el peso sobre sus hombros. Siente el vacío en su interior. Sabe que los sueños en conjunto han sido repentina e irrevocablemente destruidos. Si la gracia está obrando, él ya sabe la verdad.

Y si la gracia está obrando, también lo sabrás.

Hoy aprendiste que tu esposo no era suficiente; pero pronto aprenderás que hay uno que puede darte belleza en lugar de cenizas. Que puede soplar aliento de vida en lugar de muerte sobre ti. Que te sostendrá en el "después".

Te prometo que si la gracia está operando, conocerás Toda la Verdad.

Lo aprenderás hora por hora, día por día, semana tras semana. Cuando cuides de tus hijos, los alimentes, los bañes, hagas las tareas escolares con ellos, aunque tu alma sienta desfallecer. Lo aprenderás en la medida en que el cuerpo de Cristo, a través de tus hermanos y hermanas, madres y padres, te rodee con gracia y te llene de  paciencia y esperanza. Lo aprenderás en medio del divorcio, cuando los dos, que eran uno, se han separado por la mitad, rotos y sangrientos.  Lo aprenderás en medio de la reconciliación, cuando los orgullosos sean humillados y se perdone lo impensable.

Lo aprenderás en las noches de lágrimas silenciosas, cuando el gozo y el dolor se confundan de tal manera que no puedas distinguir uno del otro.

Pero lo aprenderás. Conocerás Toda la Verdad. Y cuando lo hagas, estarás lista para moverte hacia el "después". Respirarás. Llenarás tus fosas nasales de aire y fluirá hacia tus pulmones una y otra vez. Tu corazón latirá. Y tu cuerpo se levantará.

Y después de todo, vivirás.

Por Hannah Anderson

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