¿Sujetarme yo?

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El gran problema de la sumisión no yace en sujetarnos al esposo, sino en obedecer a Cristo.

“A la mujer dijo: … y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer,.. maldita será la tierra por tu causa...”, Génesis 3:16-17

El pecado, la liberación femenina y el abuso que existe entre los hombres, han creado un monstruo que, lastimosamente, viene socavando desde hace años a la mujer, el matrimonio, el hogar y a la sociedad misma. Tanto el hombre como la mujer han tergiversado y malinterpretado el tema de la sujeción y la sumisión, yéndose a ambos extremos del espectro. Esto es, unas fungen de alfombra y otras son su propio dios.

El gran problema de la sumisión no yace en sujetarnos al esposo, sino en obedecer a Cristo. Jamás nos someteremos a nadie -al esposo, jefe, pastores, padres, autoridades u otros- si primeramente no nos sujetamos a Dios. La carencia de sujeción y autoridad es la causa primaria por la cual están llenas las cárceles, centros de adicciones, clínicas de aborto, los jóvenes en pandillas, los matrimonios deshechos, los hogares disfuncionales y las iglesias vacías y corrompidas.

Se hace urgente y necesario reconocer que todos estamos bajo autoridad en los diferentes renglones y facetas de la vida, y que a ellas nos debemos sujetar. La sujeción bíblica que tanto ha tergiversado Satanás empezó desde que él se rebeló a Dios y abandonó la posición para la cual fue diseñado y creado: un ángel de luz lleno de esplendor.

No obstante, al igual que todo aquél que abandona su rol y usurpa el de otro, Satanás sufrió y aun sufre el merecido de tal acción: profunda desdicha, ausencia de paz y un destino funesto. Todo aquél que se declara agente libre de Dios viviendo a su propia expensa y rehusándose a regresar al rol para lo cual fue diseñado, sea hombre o mujer, indefectiblemente sufrirá las consecuencias.

La sujeción, mis amadas, no produce tensión, la producimos nosotras al rebelarnos a nuestro diseño divino. Tomar el liderazgo de nuestras vidas como el de nuestro hogar es peor que ser un presidente ilegítimo, es aliarse con el maligno. Hasta que no decidamos poner nuestras vidas enteramente en manos de Dios no habrá bendición y seguiremos de mal en peor. De ti depende el cambio. “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis;.. pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

Oración: Padre, ayúdanos mientras nos debatimos entre nuestra opinión y tu voluntad. Aumenta nuestra fe para que podamos confiar en tu sabiduría y protección. En Cristo Jesús, amén.

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