¡Resucitadas con Él!

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La obra de Cristo no terminó en la cruz, sino que continúa en nuestras vidas para luego rescatar a otros.

La muerte y resurrección de nuestro Señor Jesús es recordada de forma especial en la época conocida como Semana Santa. Pero son tantas las veces que escuchamos de este mensaje que a veces se nos pasan desapercibidos algunos detalles.

Reflexionemos un momento en otra resurrección acontecida en los tiempos de Jesús: La de su amigo Lázaro, quien había muerto por enfermedad. La resurrección de Lázaro es muy diferente a la de Jesús. Lázaro, como cualquier humano, murió una segunda vez. Jesús, muriendo una sola vez, ascendió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre.

La historia narrada en Juan 11: 38-44 nos dice que: “Jesús, gritó con todas sus fuerzas “Lázaro ¡Ven Fuera!’”. De la misma manera, al creer, hemos sido llamadas “de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9), pues Dios “nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados”, (Efesios 2:4).

En este mismo capítulo de Efesios, también se nos afirma que en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales,  para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús”, (v.6).

Un detalle también interesante en este evento es que Lázaro se levantó, salió fuera, pero aún estaba envuelto en vendajes de muerte. De manera automática, ¡estos no se cayeron de su cuerpo!, por lo cual, usando un poco mi imaginación puedo ver a Lázaro salir caminando con cierta dificultad de aquella tumba.

Imagino que es por esto que Jesús ordena a sus amigos y familiares: “Quítenle las vendas y dejen que se vaya”, (vs. 44 - NVI). Otras versiones traducen “Desatadlo y dejadlo ir”, (VRV). Desatar, liberar. ¡Que gran mandato!

¡Oh! ¿Cuántas veces ya habiendo sido llamadas a vida por nuestro Redentor, caminamos en ceguera y atadura espiritual, en comportamientos, actitudes, pensamientos, malos hábitos, raíces de amargura y cosas que no son propias de nuestra condición de resucitadas?

De igual forma también, como Maestras del Bien, ¡tengamos  misericordia de aquellos que viven en ceguera y muerte espiritual, caminando atados con ligaduras de muerte!  Somos llamadas también a ayudar a desatar a otros para que puedan vivir en aquella libertad en Cristo a la que hemos sido llamadas. Este es parte de nuestro llamado.

¡La obra de Cristo no quedó en aquella cruz! ¡Es un evento que debe ser recordado cada día de nuestra existencia! ¡ÉL HA RESUCITADO Y HEMOS SIDO TAMBIEN RESUCITADAS CON ÉL!

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