¿Por qué calla Dios? (Parte 2)

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Debemos aprender a diferenciar los silencios de Dios y a saber que, en ocasiones, ese mismo silencio trae una respuesta.

Además del pecado, el silencio de la intimidad más profunda es la segunda causa por la que a veces no obtenemos una respuesta de Dios.

Recuerdo estando en mi cuarto, sola, recostada sobre la cama, sufriendo de dolores insoportables. Sufriendo además porque no era capaz de poder atender ni a mi esposo, ni a mi hija, ni siquiera lo mínimo en mi hogar. Le rogaba a Dios que me diera tan solo algo de alivio, que por favor ya terminara tanto sufrimiento y que me permitiera volver a servirle. Pero tal como el salmista, sentía que Dios no me escuchaba, que su rostro ahora miraba hacia otro lugar.

Yo sabía quién era Dios, que tenía el poder de librarme del dolor, que podría hacerlo en el momento que quisiera. Sabía que es un Dios misericordioso y compasivo, y que me ama, pero aun así seguía sin responder mi oración. En muchas ocasiones ese silencio me torturaba.

Han pasado ya varios años desde aquella primera oración pidiéndole a Dios sanidad y, aunque aún no me ha librado de esta prueba, me ha dado la fuerza para atravesarla. Su respuesta no fue lo que esperaba, pero en este tiempo pude aprender que…

Debemos confiar en Dios más allá de las circunstancias, apoyándonos:

- En su palabra“Si tu ley no hubiese sido mi delicia, Ya en mi aflicción hubiera perecido”, (Salmo 119:92).

- En su poder“Pero yo cantaré de tu poder, Y alabaré de mañana tu misericordia; Porque has sido mi amparo Y refugio en el día de mi angustia”, (Salmo 59:16). Poder para librarnos o para sostenernos.

- En su propósito“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”, (Romanos 8:28). Todo es para bien.

- En su providencia“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”, (Romanos 8:29)Él nos predestinó para ser como Cristo, el anhelo más ferviente de cada cristiano debe ser que Cristo sea formado en mí.

Debemos rendirnos ante su voluntad:

- Comprender que sus caminos no son mis caminos.

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”, (Isaías 55:8-9).

- Comprender que sus tiempos no son mis tiempos.

“Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová”, (Salmo 27:13-14).

- Comprender que mis fuerzas no son sus fuerzas.

“Y me ha dicho: Bástate en mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”, (1 Corintios 12:9-10).

Me llevó un tiempo, pero pude aprender a diferenciar los silencios de Dios. Aprender que las respuestas de Dios no siempre son “sí” o “no”, y que también Él nos puede estar diciendo “espera”. Y mientras esa espera transcurre, Él nos promete estar a nuestro lado y sostenernos, si se lo permitimos.

Las respuestas de Dios a veces tampoco son como esperábamos. En mi caso pedí sanidad y Dios me dio fuerzas para soportar el dolor. Pedí salud para volver a servirle nuevamente en la iglesia (discipular, enseñar e ir de acá para allá) y Dios me dio incapacidad para que al fin me siente a escribir, y así poder servirle.

Espero que estas palabras puedan ser de ánimo y edificación para tu vida. Que hoy puedas prepararte para orar en la presencia de Dios y confiar en Él, aun cuando permanezca callado. Pero sobre todo, recuerda que no importa en qué circunstancias de la vida te encuentres, de todas maneras… “hoy es un buen día para orar en su presencia”.

Por: Gabriela Luisi

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