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“Mis pequeñitos”

Description

No puede haber una relación de amor con Dios, a no ser que nos relacionemos los unos con los otros en amor.

“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de éstos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”, Filipenses 4:11-13

Cuando entregamos nuestra vida a Cristo, nos unimos de forma tal a Jesús que todo lo bueno o todo lo malo que le hagamos a uno de Sus pequeñitos es como si se lo estuviéramos haciendo a Él mismo. ¡Qué hermosa y gran verdad!

Si queremos amar a Jesús, tenemos que hacerlo a través de Sus hijos, a través de las personas que nos rodean, a través de nuestro prójimo; interesándonos por su bienestar y dolor, y siendo solidarias con ellos. Lo triste es que vivimos en la era del egocentrismo donde solo pensamos en nosotras y en nuestro propio bienestar.

¿Te has preguntado qué es lo que verdaderamente nos  impide amar a nuestro prójimo como Dios quiere? El dolor, la falsedad, las dudas, los miedos, la ansiedad, la mentira, la falta de perdón; en resumen, la multiplicación de la maldad en el mundo es el gran gigante que nos encarcela. 

Pero... si estuviéramos convencidas de que las personas mentirosas, egoístas, ansiosas, falsas y malas, no son más que seres humanos que están ocultando su verdadero dolor -que  no pueden amarse a sí mismo y están muy heridas en su interior- entonces  empezaríamos a ver a nuestro prójimo como personas que necesitan el milagro de sentirse amados, dignificados y valorados.

Cuando estemos frente a Dios y cara a cara con nuestro Salvador, Él nos demandará por los actos benignos que dejamos de hacer a uno de Sus pequeñitos. ¿Cómo sentarnos felizmente a comer cuando nuestro hermano, aquel que conocemos, padece necesidad? ¿Cómo mantenernos indiferentes ante el dolor de otros? ¿Cómo reír cuando mi hermana llora? ¿Cómo malgastar en cosas vanas, cuando alguna padece necesidad?

Seamos embajadoras del amor de Dios en este mundo caído. El mundo necesita palabras y gestos amables cada día. Los gritos, la prepotencia, las palabras hirientes y el negar el saludo o el ignorar a un conocido son obstáculos para vivir en paz. Si rociamos la vida con bondad, misericordia y amor, viviremos con menos dificultad y mostraremos al Dios de amor a través de nuestros actos.

¿Amas a Dios? Demuéstralo amando a tu hermana. No puede haber una relación de amor con Dios, a no ser que nos relacionemos las unas con las otras en amor. El verdadero poder en el mundo es el poder del amor de Dios habitando y manifestándose en nosotras. 

Oración: Padre Dios, dame la gracia y la sabiduría para amar a mi prójimo a pesar de la maldad que muestren hacia mí. Permíteme ser una mensajera de tu amor en un mundo carente de bondad y misericordia. En Cristo, amén.

Por Jeanette Lithgow 

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