Oh Dios, otorga tu justicia al rey,
tu rectitud al príncipe heredero.
Así juzgará con rectitud a tu pueblo
y hará justicia a tus pobres.
Brindarán los montes bienestar al pueblo,
y fruto de justicia las colinas.
El rey hará justicia a los pobres del pueblo
y salvará a los necesitados;
¡él aplastará a los opresores!
Que viva el rey por mil generaciones,
lo mismo que el sol y que la luna.
Que sea como la lluvia sobre un campo sembrado,
como las lluvias que empapan la tierra.
Que en sus días florezca la justicia,
y que haya gran prosperidad,
hasta que la luna deje de existir.
Que domine el rey de mar a mar,
desde el río Éufrates hasta los confines de la tierra.
Que se postren ante él las tribus del desierto;
¡que muerdan el polvo sus enemigos!
Que le paguen tributo los reyes de Tarsis
y de las costas remotas;
que los reyes de Sabá y de Seba
le traigan presentes.
Que ante él se inclinen todos los reyes;
¡que le sirvan todas las naciones!
Él librará al indigente que pide auxilio,
y al pobre que no tiene quien lo ayude.
Se compadecerá del desvalido y del necesitado,
y a los menesterosos les salvará la vida.
Los librará de la opresión y la violencia,
porque considera valiosa su vida.
Salmo 72:1-14 (NVI)
La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI®
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