Esas cosas se han ido ahora

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A medida que aumenta tu confianza en Jesús, también aumentará tu alegría de ver la obra del Espíritu Santo en tu vida.

El Señor habló con Moisés, y le dijo: “Habla con los hijos de Israel, y diles: Yo soy el Señor su Dios. No hagan ustedes lo que hacen los egipcios, en cuyo país vivieron. Tampoco hagan lo que hacen los cananeos, a cuyo país yo los conduzco. No sigan sus estatutos. Más bien, pongan en práctica mis ordenanzas y cumplan con mis estatutos. Síganlos. Yo soy el Señor su Dios… No te vengues, ni guardes rencor contra los hijos de tu pueblo. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”.  –Levítico 18:1-4; 19:18

A veces el pecado es embarazoso, ¿no es cierto? No estoy pensando en los grandes pecados: asesinato, tortura, genocidio, sino en los pequeños. Dios menciona a algunos de ellos en la lectura bíblica para hoy, y me hacen retorcerme de vergüenza.

Dios dice: "No maldigas al sordo, ni pongas tropiezo delante del ciego" (Levítico 19:14). ¿Quién hace eso? Me temo que los seres humanos; si no, Dios no tendría que decirlo. Intenta esto: “No oprimas a tu prójimo. No le robes. No retengas en tu casa, hasta el día siguiente, el salario del jornalero" (vs. 13). ¿Por qué no le pagaría el salario al terminar la jornada? Por ser mezquino aun sabiendo que el trabajador no podrá comprar la cena si no lo recibe.

“No propagues chismes entre tu pueblo” (vs. 16). ¡Ay! Reconozco este comportamiento. Lo he visto en acción muchas veces. "No se mientan el uno al otro" (vs. 11). ¡Si cumpliéramos con esto, se acabaría la política!

Es vergonzoso que se nos tengan que decir estas reglas básicas de comportamiento. Y, sin embargo, necesitamos que nos las digan, porque hay quienes las hacen. Y hay veces en que quien las hace soy yo. Eso es lo que significa ser pecador.

En contraposición a toda esta maldad, Dios nos dice en los versos anteriores: “Así vivían antes; esa vida se acabó. Deja a un lado lo que solías hacer". ¿Por qué? Porque “Yo soy el Señor, tu Dios”. Dios mismo se ha convertido en nuestro Salvador y nuestro Señor. No somos las mismas personas que solíamos ser. Ahora que Jesús ha muerto y resucitado por nosotros, somos hijos de Dios. Se nos ha dado un corazón nuevo lleno del Espíritu Santo. Somos una nueva creación.

Entonces Dios nos dice: “¡Sé lo que eres, no lo que solías ser! Tampoco seas como los incrédulos que te rodean. Sé lo que el Espíritu Santo está haciendo de ti: una persona semejante a Cristo ”. A medida que aumenta tu confianza en Jesús, también aumentará tu alegría de ver la obra del Espíritu Santo en tu vida.

ORACIÓN: Querido Padre, aumenta mi fe en Jesús para que cada día me parezca más a Él. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿Por qué crees que el pueblo de Israel necesitaba que Dios les explicara las cosas en detalle, una y otra vez?

2. ¿De qué manera se demuestra en tu vida que cada día te estás pareciendo más y más a Jesús?

Por: Dra. Kari Vo

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